Un australiano en la puerta
La escena es tan doméstica que cuesta creer lo que inaugura. Un joven ingeniero australiano, Peter Vogel, aparece por Ashcombe House — la casa de Peter Gabriel en las afueras de Bath — a mostrarle un aparato que fabrica con Kim Ryrie en Sydney: el Fairlight CMI, Computer Musical Instrument. Gabriel venía de dos discos solistas después de Genesis y del dato pasado por Larry Fast, su sintetista, de que existía una computadora que hacía algo que ningún sintetizador hacía.
Los sintetizadores de 1979 — Moog, ARP, Prophet — imitaban: osciladores y filtros persiguiendo la idea de una cuerda, de un bronce, de una voz. El CMI no imitaba nada. Grababa un sonido real y lo convertía en instrumento: un segundo de audio, digitalizado en ocho bits, repartido cromáticamente a lo largo de un teclado. Dos procesadores, dos disqueteras de ocho pulgadas, un monitor de fósforo verde y una lapicera de luz para dibujar sobre la pantalla. Costaba, según la configuración, entre doce y dieciocho mil libras — varios años del sueldo promedio británico de la época.
Gabriel no solo la compró — fue el primer comprador del Reino Unido —: le propuso a su primo Stephen Paine que la importara. Así nació Syco Systems, la distribuidora por la que después pasarían Kate Bush, Thomas Dolby y John Paul Jones. El primer cliente del sampleo británico fue, también, su primer vendedor.